Mister P., un magnífico pavo real lleno de pasión amorosa, pasa 18 horas al día 'pavoneándose' en una estación de servicio de Inglaterra para tratar de seducir a un surtidor de gasolina... (sigue aquí)

Fdo Arconte me explicó una vez porqué el desdichado animal actua así. Resulta que el pavo real rechaza a cualquier pava que muestre interés en él por inercia, de forma instintiva, porque le tiene miedo a las relaciones personales. Le horroriza implicarse emocionalmente con alguien porque teme que sus plumas de colores no sean suficientemente bellas. Porque sabe que puede descubrir cosas de él mismo que hasta ahora desconoce, porque ya le cuesta bastante mantener el control de su mundo como para ir cediéndole parcelas de dominio, competencias, a otra administración. Porque en una eventual relación existe demasiada incertidumbre y teme sufrir a causa de algo que él mismo haya provocado. Quizás algún trauma infantil atrincherado en su subconsciente. Por eso se fija en lo inalcanzable, sueña con imposibles. Un surtidor de gasolina vale (cuanto más inaccesible mejor). Sólo necesita atribuirle las características de su Ideal de Pava y... voilà. Ya tiene un amor platónico. Cuando se aburra de la inacción e indolencia del surtidor, se deprimirá un par de días, se autocompadecerá con un helado de fresa y nata y una película triste, maldiciendo a su mala suerte y a todas las gasolineras del mundo. A modo de coartada. Para así conseguir mantener a raya cualquier intento de manifestación de su raciocinio y, lo que es más importante, a cualquier pava que quiera quedar con él más de dos veces.
En fin, nada por lo que no haya pasado cualquier otro pavo real, ¿no?